La hepatitis es una inflamación del hígado que puede ser causada por infecciones virales, consumo excesivo de alcohol, medicamentos o enfermedades autoinmunes. Las hepatitis virales, como la A, B y C, son las más comunes y pueden tener consecuencias graves si no se diagnostican y tratan a tiempo.
Hepatitis A
Es una enfermedad hepática grave. La presencia de este virus es sobre todo fecal, es decir, en las heces. A nivel sexual, su transmisión es básicamente a través del contacto oral con superficies contaminadas con material fecal.
Síntomas de la Hepatitis A
Los síntomas son:
Puede causar una afección moderada que dura unas pocas semanas, o puede convertirse en una afección grave para toda la vida.
Es una enfermedad mucho más común de lo que la gente se cree y con un índice de contagio realmente alto. Esto es debido a que el virus de la Hepatitis B es muy resistente y virulento, y puede vivir fuera del cuerpo incluso durante varios días.
Síntomas de la Hepatitis B
La sintomatología de la Hepatitis B es muy confusa o incluso inexistente, con lo cual, muchas veces se realiza esta prueba de forma casi rutinaria, a pesar de que una gran mayoría de la población ya haya sido vacunada.
La hepatitis B se contagia cuando la sangre, el semen u otros fluidos corporales infectados con el virus de la hepatitis B entran en el organismo de una persona que no está infectada.
Por ejemplo, al compartir objetos como rasuradoras o cepillos dentales con una persona infectada, al tener relaciones sexuales con una pareja infectada o durante el parto.
A diferencia de la Hepatitis A, este tipo de Hepatitis puede cronificarse y es por ello que hay que tener un seguimiento muy exhaustivo, sobre todo para evitar consecuencias a largo plazo como podría ser daño hepático (cirrosis), cáncer de hígado y la muerte.
La infección crónica por hepatitis B es una afección a largo plazo que se da cuando el virus de la hepatitis B permanece en el organismo de la persona. La mayoría de las personas que desarrollan hepatitis B crónica no tienen síntomas.
La mayoría de las personas vacunadas contra la hepatitis B tienen inmunidad de por vida.
No es considerada una Enfermedad de Transmisión sexual ya que su vía de contagio es a través de la sangre. De todas maneras, en una relación sexual traumática o bien en la presencia de heridas frescas, su contagio no debe ser descartado. En España, aproximadamente el 5% de los casos diagnosticados de Hepatitis C han sido tras un contacto sexual, sobre todo en casos de sexo anal o en el intercambio de aparatos sexuales.
Al igual que la Hepatitis B, la Hepatitis C también puede volverse crónica y evocar en enfermedades hepáticas tales como un posible cáncer.
La carga viral de la Hepatitis C suele aumentar a los pocos días tras el contacto de riesgo, y es por ello, que nuestra prueba por PCR podrá detectártelo en un periodo muy breve de tiempo.
Actualmente no existe ninguna vacuna precoz para la Hepatitis C, pero sí fármacos para su tratamiento.
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Vacunación
· La vacunación es la forma más efectiva de prevenir la hepatitis A y B. La vacuna contra la hepatitis A se recomienda especialmente para personas que viajan a áreas de riesgo.
· La vacuna contra la hepatitis B es parte del esquema de vacunación infantil en muchos países y también se recomienda para adultos en riesgo.
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Efectos secundarios
· Lavado frecuente de manos, especialmente después de usar el baño y antes de comer, para prevenir la transmisión de hepatitis A y E.
· Evitar compartir agujas o equipos de inyección para prevenir la hepatitis B, C y D.
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Monitoreo regular
Las personas con antecedentes de hepatitis o factores de riesgo (como compartir agujas o tener relaciones sexuales sin protección) deben hacerse exámenes regulares para detectar la infección de forma temprana.
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