Esta infección es provocada por uno de los virus de la familia de los herpes y pueden ser del tipo 1 o tipo 2. El tipo 1 es el que produce las úlceras bucales (también llamadas llagas) y el tipo 2 es el causante de las lesiones de carácter genital.
Muchas de las personas con herpes no saben que lo padecen, o bien porque no han desarrollado ningún síntoma o porque son tan leves que apenas se han percatado de ello.
Los síntomas típicos del Herpes tanto del tipo 1 como del tipo 2, suelen ser «llagas» en forma de ampolla, que con el paso del tiempo acaban dejando heridas muy dolorosas y molestas.
Esta infección, al ser de carácter vírico, puede provocar rebrotes, pudiendo aparecer de nuevo, sobre todo en el primer año tras la infección, siendo los síntomas más leves y menos dolorosos. Estas recaídas, por desgracia, pueden seguir reapareciendo de forma continuada a lo largo de los años, siendo con cada recaída, menos agresivos.
Es importante no confundir las lesiones del Herpes con las de la Sífilis. Uno de los principales diferenciales es que la sífilis provoca llagas que suelen ser indoloras al tacto, mientras que las lesiones del Herpes son dolorosas.
Herpes Primario: Aparece al poco tiempo del contacto sexual (frecuentemente antes de una semana) y sus síntomas suelen ser bastante fulminantes, apareciendo múltiples ampollas, que con el paso de los días pasarán a ser ulcerosas y muy dolorosas.
Herpes Secundario: Aparece una vez ya hemos tenido herpes en el pasado, es decir, una recaída. Las lesiones suelen ser menos numerosas y su infección dura menos tiempo en nuestra piel.
Tratamiento del Herpes: No existe un tratamiento que cure el herpes, pero sí que existen paliativos en forma de cremas o de forma oral, que ayudarán a prevenir o disminuir la duración de los brotes.
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Efectividad
Tiene una tasa de éxito del 95-98%.
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Evitar contacto sexual durante un brote
Es fundamental evitar tener relaciones sexuales durante un brote activo de herpes para reducir el riesgo de transmisión del virus a otras personas..
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Medicamentos supresivos
Las personas con brotes frecuentes pueden optar por el tratamiento antiviral supresivo para reducir la transmisión del virus a sus parejas sexuales.
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